Rafael Balderrama Carrington

Bailarina, 1930

Óleo sobre tela

Colección particular

 

 

No traigo para el camión reúne un conjunto de obras realizadas por un grupo de estudiantes matriculados en la Academia de San Carlos entre 1928 y 1932. A partir de 1929 la Academia modificó su nombre y fue conocida como Escuela Central de Artes Plásticas, primero bajo la dirección de Diego Rivera y después a cargo de Vicente Lombardo Toledano, quien lo sustituyó a mediados de 1930.

En aquellos años, los estudiantes de la Escuela Central de Artes Plásticas se hallaban bajo la tutela de artistas que contaban con cierto renombre: Carlos Mérida, el propio Rivera y Rufino Tamayo. Un caso particular es el de María Izquierdo, quien tuvo una breve estancia en aquella institución, aunque en el taller de German Gedovius, sin embargo, fue una de las alumnas destacadas, impulsada en gran medida por los elogios formulados por Diego Rivera, cuando en una exposición de trabajos escolares conoció la obra de la pintora jalisciense, lo cual le valió la animadversión de sus compañeros quienes la expulsaron violentamente de una conferencia. Poco después, tras la salida de Rivera de esa institución, ella dejaría también de asistir. Durante esa época, María Izquierdo y Rufino Tamayo iniciaron una relación amorosa que terminó al poco tiempo, de ahí la mutua influencia que asoma en la producción plástica de esos artistas durante aquellos años y el cruce histórico de la jalisciense con los protagonistas de esta muestra: Rosendo Soto Álvarez, Ángel Bracho Meneses, Rafael Balderrama Carrington, Alfonso Alarcón, Jesús Hernández, Filiberto Carbajal, Ramón Castañeda, Jesús Barbosa, Filiberto Cisneros y Manuel D. Santander, quienes formaron parte de la llamada “generación del 29” que luchó por el cambio en el sistema en la enseñanza de la pintura.

Se conoce que Soto, Bracho, Balderrama, Alarcón y Rendón, -este último tutelado por Rivera-, abrazaron de manera profesional a la pintura. Balderrama Carrington fue calificado en su tiempo como una promesa en el mundo del arte al ganar algunos concursos, sin embargo, dejó de lado su quehacer artístico para impartir clases de dibujo en la Secretaría de Educación Pública a finales de los años 1940. En cuanto a Hernández, Carbajal, Castañeda, Barbosa, Cisneros y Santander, se desconoce qué rumbo tomaron después de la década de los treinta.

Esta exposición está conformada por obras pictóricas provenientes de una colección particular, complementada con obras del Museo de Arte Moderno, el Museo Estudio Diego Rivera, la Galería de Arte Mexicano, así como por material documental inédito en gran parte del archivo de Rosendo Soto, que permiten contextualizar este episodio del arte mexicano, visto desde la perspectiva de los alumnos, quienes apostaron por la experimentación e implementación de un sistema de enseñanza que rechazaba el academicismo clásico impuesto desde una óptica extranjera y a la vez obsoleta para los jóvenes estudiantes.

El título de la muestra está tomado de una nota que aparece al reverso de un óleo realizado por Rafael Balderrama, en donde encargaba al portero de la escuela (posiblemente a Donaciano Gómez), que la obra fuera entregada a su profesor, con el fin de que participara en una exposición de alumnos ya que no tenía dinero para pagar el costo del transporte.

No traigo para el camión revela un pasaje poco estudiado de la historia del arte mexicano. A través de las obras y los testimoinos de los alumnos de Diego Rivera, Rufino Tamayo y Carlos Mérida es posible comprender mejor la conformación de la segunda generación de la Escuela Mexicana de Pintura.